jueves, 18 de agosto de 2016

SOBRE EL FANTASMAGÓRICO "DERECHO A DECIDIR "

Escrito por Miguel Candel

El llamado 'derecho a decidir' es una expresión ambigua (y, en el fondo, redundante, pues todo derecho implica algún tipo de decisión) con la que los partidarios de la secesión de Cataluña tratan de captar la benevolencia de personas que inicialmente no están a favor de dicha secesión para, a partir de ahí, lograr su apoyo a la celebración de un referéndum vinculante que sancione la ruptura con el resto de España. Lamentablemente, muchos sectores de la izquierda, de dentro y fuera de Cataluña, han caído en esa trampa (no entramos a valorar si de buena fe o por cálculo político). La actitud de buena fe al respecto se basa, de entrada, en la confusión entre democracia y voto, lo cual constituye un error: en un Estado democrático no todo se puede votar siempre, pues hay leyes fundamentales (las constituciones) que, una vez aprobadas (obviamente, mediante una votación), marcan unos límites o cauces por los que debe discurrir la acción política, sin que ésta pueda entrar en contradicción con aquellas leyes fundamentales (los propios secesionistas tienen esto muy claro: basta leer el proyecto de constitución catalana elaborado por el ex-juez Vidal, así como las recientes resoluciones aprobadas por el Parlament de Catalunya de cara a la llamada 'desconexión'). Las constituciones, por supuesto, no son entidades eternas e inmutables, sino que pueden modificarse; pero sólo mediante los mecanismos que ellas mismas establecen, a fin de garantizar un mínimo de estabilidad y de seguridad jurídica a los miembros de la comunidad política. En el caso que nos ocupa, la constitución española vigente, al definir como soberano al pueblo español en su conjunto, impide cualquier decisión unilateral de una parte de dicho pueblo que afecte al resto, algo que obviamente ocurriría en el caso de una secesión unilateral. El segundo argumento con el que los secesionistas intentan (y, en muchos casos, consiguen) ganar para su causa a los inicialmente contrarios a la secesión consiste en dar a entender que, votando en un referéndum vinculante, los antisecesionistas podrían seguramente zanjar de una vez por todas el asunto y poner punto final al movimiento secesionista. Esto constituye otro error, pues una vez se aceptara la celebración de un primer referéndum de esas características, aun cuando los secesionistas lo perdieran (cosa probable, pero no segura, dado su control de las instituciones catalanas y de muchos y poderosos medios de comunicación, empezando por TV3, diversas emisoras de radio y periódicos impresos o digitales), ese mecanismo quedaría legitimado y los secesionistas recurrirían una y otra vez a él hasta lograr la victoria. En el mejor de los casos, y aunque esto último no llegara a ocurrir, el llamado 'procés' se prolongaría indefinidamente en el tiempo, con las nefastas consecuencias de polarización política en torno a cuestiones identitarias y relegamiento de las cuestiones sociales fundamentales que venimos experimentando desde hace cuatro años.
Por todo ello y porque como personas de izquierdas consideramos negativo todo aquello que divida a los trabajadores, aspirando como aspiramos a que su unión trascienda incluso las fronteras actuales, rechazamos la engañosa consigna del 'derecho a decidir', que en la coyuntura actual lleva indefectiblemente a las negativas consecuencias que acabamos de señalar.


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