viernes, 19 de agosto de 2016

SOBRE EL BILINGÜISMO : SUMAR Y NO RESTAR

Entrevista a Mercè Vilarrubias de Salvador López Arnal

 ( publicada en la revista El Viejo Topo )


Mercè Vilarrubias es catedrática de inglés en una Escuela
Oficial de Idiomas de Barcelona donde es profesora y donde 
realiza tareas de coordinación pedagógica. Colabora en 
periódicos y revistas especializadas con artículos sobre la 
enseñanza de idiomas y sobre la educación en general. Sus 
principales ámbitos de investigación son el aprendizaje del 
inglés como lengua internacional, las políticas educativas en 
Europa y, destacadamente, el aprendizaje escolar en las 
comunidades bilingües
***
Sumar y no restar” (Editorial Montesinos, Mataró (Barcelona), 2012) es el título del que creo que es su último libro. ¿Qué es lo que hay sumar y por qué la resta o diferencia no es una operación válida en este caso?
La metáfora de sumar y restar viene porque Cataluña es una comunidad bilingüe y las escuelas no reflejan esta realidad sino que restan una lengua.
La resta no puede ser considerada una operación válida en este caso por los diferentes argumentos que expongo en el libro: enseñar en una sola lengua es una merma en la formación de los alumnos, cuyas necesidades lingüísticas pasan por el aprendizaje de ambas; es también poner a los alumnos cuya lengua materna es el español en una situación difícil desde un punto de vista afectivo: no se les permite expresarse en su lengua materna en la escuela. A ello se añade los demás argumentos, que me llevan a concluir que esta resta es negativa.
Hago referencia al subtítulo: “Razones para introducir una educación bilingüe en Cataluña”. ¿Qué entiende usted por educación bilingüe?
Por educación bilingüe entiendo el uso de dos lenguas como lenguas vehiculares. Es decir, la realización de unas asignaturas en una lengua y otras, en otra; el apoyo y valoración de la escuela a ambas lenguas y el objetivo compartido de que ambas deben aprenderse bien; un entorno lingüístico bilingüe en la escuela. Todo ello no implica desdibujar la especificidad de cada una de ellas (una es una lengua minoritaria, que ha sido perseguida; la otra, una lengua de alcance mundial)
Las razones que usted expone a lo largo de su ensayo, ¿valen también para otras comunidades españolas como Euskadi o Galicia por ejemplo?
No conozco suficiente la realidad sociolingüística de estas comunidades para opinar sobre ello.
El catalán es la lengua propia de Cataluña se afirma en muchas ocasiones. Luego, por tanto, debe ser la lengua vehicular de la enseñanza en el país. ¿Cuáles son sus objeciones a este razonamiento?
¿Qué significa lengua propia? Este término no es un concepto ni jurídico ni sociolingüístico. Es un término político, acuñado por el primer gobierno de CiU para poder otorgar todas las prerrogativas que el legislador decidiera a la lengua calificada como tal.
Así como se afirma que el catalán es la lengua propia, también podríamos afirmar que lo es el español o que lo son las dos. De hecho, si usamos el término, no en un sentido político, sino de sentido común, como sinónimo de lengua vernácula (término lingüístico), podemos decir que en Cataluña hay dos lenguas propias.
La denominada “inmersión lingüística”, ¿es propiamente una inmersión? ¿Por qué?
La inmersión lingüística es un método de aprendizaje de una segunda lengua en la escuela a partir de realizar actividades en esta lengua. Es un método de probada eficacia porque facilita el aprendizaje de la segunda lengua a través del hacer, en oposición al aprendizaje de una lengua como objeto de estudio (como el inglés por ejemplo).
La inmersión lingüística es para alumnos que no tienen esta lengua como lengua materna. En Cataluña, la inmersión, hablando en propiedad, es para todos aquellos que no tienen el catalán como lengua materna.
Los que tienen el catalán como lengua materna no están recibiendo una enseñanza a través de la inmersión sino una enseñanza en lengua materna.
La inmersión lingüística, como método reconocido internacionalmente y utilizado en variedad de países, no implica que toda la enseñanza deba realizarse en aquella lengua. Podría haber inmersión en algunas asignaturas y enseñanza en lengua materna para otras. Esto no es así en Cataluña pero no por el uso del método de la inmersión sino porque la única lengua vehicular permitida es el catalán.
Rebátame este argumento, esta consideración más bien: una doble línea de escuelas (en catalán y en castellano) supondría segregar a los alumnos, no ayudaría a la cohesión social y perjudicaría, sobre todo, a niños y niñas de familias castellanohablantes que, normalmente, pertenecen a sectores sociales menos favorecidos. De hecho, este digamos argumento fue esgrimido por sectores de izquierda socialista y comunista de los años 80 (no le hablo de organizaciones catalanistas ni independentistas) para apoyar la inmersión. Colectivos de Santa Coloma de Gramenet, por ejemplo, una ciudad obrera, masivamente castellanohablante pegada a Barcelona, fueron vanguardia en esa línea que le acabo de apuntar.
Como desarrollo en mi libro, no tenemos datos en la bibliografía internacional que nos digan que una doble línea de escuelas supone una “segregación” de los alumnos.
De hecho, la mayoría de países y comunidades bilingües de Europa tiene una doble línea de escuelas (Finlandia, Gales, Eslovaquia, Andorra, ..) y los padres escogen la escuela que quieren.
¿Cómo puede uno ser segregado si uno escoge?
Se suele esgrimir que los datos de los exámenes de selectividad demuestran un conocimiento parejo del catalán y castellano en Cataluña. Si es así, ¿para qué cambiar las cosas? ¿No funcionan bien? ¿No conseguimos que todos los jóvenes conozcan razonablemente bien ambas lenguas?
Los exámenes de Selectividad de catalán y español no tienen la misma dificultad. El de catalán es más difícil. Por lo tanto, comparar resultados en exámenes de diferente dificultad, no nos dice gran cosa.
Estos exámenes pueden consultarse en internet.
Por otra parte, es lógico que el examen de Selectividad de catalán sea más difícil que el de español ya que los alumnos han realizado toda su enseñanza en esta lengua mientras que solo han realizado de 2 a 3 horas de español a la semana como asignatura. Igualar la dificultad de ambos exámenes no sería justo para los alumnos.
¿Por qué cree usted que en escuelas de élite (Aula, donde estudiaron el president Artur Mas y sus hijos, sería un ejemplo) no se practica la “inmersión”?
No se practica la inmersión en el sentido que se aplica en las escuelas catalanas: una única lengua vehicular.
Aula enseña en cuatro lenguas, es una escuela de élite y las élites saben que las lenguas son un recurso muy valioso para las personas.
Se afirma en su ensayo que usted se aproxima al tema desde parámetros educativos, que intenta alejarse todo lo posible de instancias políticas. ¿Es eso posible? ¿No será que usted no quiere enseñar sus cartas y que le mueven intereses políticos no confesables próximos al PP, a Ciutadans o a fuerzas afines?
Obviamente yo tengo mis opiniones políticas pero no son éstas las que expreso en el libro. Precisamente, la primera idea que deseaba transmitir en el libro es que la educación debería ser autónoma de la política. Esto muy difícil en España, donde la educación ha estado tradicionalmente al servicio de intereses políticos, sean estos de derechas, de izquierda dogmática o nacionalistas.
Por otra parte, siendo la inmersión un tema tan político y al servicio de la política, no se me escapa que hablar de este tema tiene implicaciones políticas. Sin embargo, considero que es erróneo hacer una equivalencia entre ser crítico con la inmersión y estar de acuerdo con la posición del PP. Es cierto que el PP es crítico con este modelo lingüístico pero nunca ha estado clara la alternativa que proponen, si una enseñanza bilingüe o una doble línea escolar con libertad de elección por parte de los padres. De hecho, a veces hablan en favor de un modelo y otras veces del otro. Además, el PP no se caracteriza por una preocupación por las lenguas autonómicas; más bien su preocupación parece estar únicamente del lado del español.
Sería perfectamente posible hacer una crítica de la inmersión desde la izquierda pero ésta siempre se ha resistido a ello. Precisamente, desde mi punto de vista, el gran drama alrededor de la inmersión es que la izquierda no ha entendido que la inmersión no está al servicio de los alumnos sino de los intereses de la clase hegemónica nacionalista (independentista ahora). Ha permitido que la derecha se erigiera como su único opositor (según sus intereses también).
El vínculo entre nacionalismo y progresismo ha sido fatal, desde mi punto de vista.
Usted defiende la educación bilingüe. Pero, desde algunas instancias de poder de la política educativa en Cataluña, se afirma que ya estamos en ello: catalán e inglés, los dos idiomas esenciales de la educación en el país. ¿No es esto?
Bueno, el inglés es absolutamente necesario en la educación actual. La situación en la que nos encontramos es que las escuelas públicas no logran enseñar esta lengua bien y son solo aquellas familias de nivel socioeconómico medio o alto que pueden permitirse mandar a sus hijos a academias de inglés o a escuelas de élite como Aula.
Decir que en Cataluña solo son necesarios el catalán y el inglés, obviando el español, es una manera de negar la realidad sociolingüística (una vez más!)
Usted es catedrática de inglés y conoce bien el tema del aprendizaje de las segundas lenguas. ¿Hay algún artículo, algún ensayo, donde se argumente a favor de una política educativa como la practicada en Cataluña en estos últimos 30 años?
No conozco ninguno. En la realidad europea sería muy difícil defender un sistema escolar monolingüe, obligatorio para todos los alumnos, en una comunidad bilingüe.
Insisto de nuevo, discúlpeme. ¿Hay alguna otra nacionalidad o comunidad, en España, en Europa o en otros lugares, donde se practique una política lingüística como la que aquí se practica?
En Baleares, pero parece que va a cambiar con el decreto de trilingüismo del gobierno autonómico. Quería añadir que así como yo no estoy de acuerdo con la inmersión, no creo que una modificación de este modelo escolar tenga que hacerse a través de un decreto, de la noche a la mañana, como se ha hecho en Baleares. Es más importante convencer, explicar los motivos por los que en las comunidades bilingües, la enseñanza bilingüe es un modelo más integrador, más inclusivo y que responde a las necesidades lingüísticas de los alumnos de manera mejor que la enseñanza monolingüe.
En Europa, todos los países o comunidades bilingües o tienen una doble línea o tienen sistemas bilingües.
Señala usted en el libro que cualquier atisbo de crítica al modelo educativo actual es visto como un ataque al catalán y a Cataluña. ¿No exagera? ¿No ha escrito usted varios artículos críticos, y el mismo libro que comentamos, en torno a esa política?
Falta un debate constructivo, plural y honesto alrededor de este tema (y de muchos otros, no sólo lingüísticos!). Sólo hablan públicamente los partidarios de la inmersión.
Ello no es de extrañar: los medios de comunicación públicos están al servicio de la Generalitat, que los controla con mano de hierro. Los privados editados en Cataluña están subvencionados y también actúan al dictado.
Por otra parte, Cataluña no es Corea del Norte y uno puede, con dificultad y si encuentra una editorial que quiere arriesgarse, publicar un libro como el mío. Pero este libro no tiene trascendencia, no entra en el debate público, más bien es incómodo porque cuestiona la ideología hegemónica. Los medios públicos y los privados subvencionados no se han hecho eco del libro.
Me veo obligado a hacerle una pregunta que va más allá de su libro. Le hablo de la ley Wert. ¿Qué opinión le merece este proyecto educativo del actual gobierno del PP?
Es el proyecto educativo-ideológico de la derecha.
Una pregunta algo personal para finalizar si me permite. Usted se llama Mercè Vilarrubias, es una ciudadana barcelonesa. ¿Cómo es que una persona como usted, que nació y vive en Cataluña, critica la política lingüística que han defendido todos los gobiernos catalanes en estas tres últimas décadas? ¿No ama acaso a su país?
Ja ja.. Criticar la política lingüística del gobierno es perfectamente legítimo. Somos ciudadanos, no súbditos.

¿Quiere añadir algo más?
Es necesario un debate constructivo, ecuánime y honesto sobre el modelo de inmersión. Hace ya más de 20 años que tenemos este modelo en Cataluña y las cosas han cambiado; la situación del catalán ya no es la misma que hace 20 años. Debería ser posible discutir abiertamente qué modificaciones se necesitan y si está justificada la actual exclusión del español de las aulas. Sin embargo, esto no sucede así: la inmersión se ha convertido en un dogma y cualquier crítica es rechazada, tanto si es bien intencionada como si no lo es. Ello es desolador porque si no somos capaces de autocrítica, tampoco podemos ser capaces de avanzar como sociedad.
PS: Mercè Vilarrubias [MV] ha publicado recientemente en El País [1] un artículo – “¿Quién pone en riesgo el catalán?”- en el que apuntaba algunas consideraciones complementarias.
Recientemente, comenta, un amigo suyo británico residente en Barcelona se apuntó a unas clases de catalán para adultos organizadas por el gobierno de la Generalitat. En las clases, se encontró con una sorpresa desagradable: no se permitía comparar el catalán con el castellano. Cuando él u otro alumno se referían al castellano, la profesora les replicaba que era una clase de catalán, que dejaran de mencionar el castellano. “Mi amigo decidió dejar las clases porque entendió que no le estaba permitido realizar un proceso psicolingüístico normal: apoyarse en las otras lenguas que conoce… para avanzar con el catalán. Mi amigo razonó que en estas clases de la Generalitat no se enseña la lengua de la manera más adecuada para los alumnos sino que se hace política. Su actitud hacia el catalán cambió, quedó teñida por esta mala experiencia...” El causante, concluye MV, de que mi amigo abandonara su deseo por aprender catalán no fue el Gobierno español ni el Tribunal Constitucional ni el PSOE.
Esta anécdota, prosigue, no es un caso aislado: es ilustrativa en su opinión de lo que sucede en Cataluña desde hace muchos años: “tenemos una política lingüística que, en lugar de despertar el deseo de los hablantes de otras lenguas por el catalán, acaba causando en muchos de ellos un rechazo y una desgana por esta lengua.”
La Generalitat y las instituciones de promoción del catalán nos dicen a menudo que el catalán está en peligro, recuerda MV, que es una lengua amenazada. Efectivamente, admite, lo es, “pero el peligro no proviene de fuera, de un enemigo externo”. Los hechos muestran en su opinión que son ellos mismos los que lo ponen en riesgo al politizarlo y enfrentarlo constantemente con el castellano. Lo amenazan cuando lo convierten en la lengua-única de la comunidad y fingen o aparenten fingir que el castellano no existe.
La política lingüística de la Generalitat, en opinión de MV, está basada en obligar a usar el catalán en lugar de invitar a hacerlo y está orientada hacia el monolingüismo. “Nno se promueve el catalán dentro de un marco de aceptación de la realidad bilingüe de Cataluña sino que el empeño está en mantener la presencia exclusiva del catalán en tantos ámbitos de la sociedad como sea posible”. Empero, este tipo de política lingüística supone, a la larga, una amenaza para el catalán ya que resulta avasalladora para muchos hablantes del castellano y de otras lenguas, además de ser muy incómoda para una parte de los catalanohablantes natos. Es una política que busca vencer más que convencer, concluye la autora.
Desde hace unas semanas nos encontramos de nuevo con una situación en la que, en realidad, esa es la posición de MV, “es la propia Generalitat la que vuelve a poner en riesgo el catalán con su inflexible defensa del monolingüismo en las escuelas”. Lo sabido: el pasado 31 de enero el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) dictó cinco autos en los que insta a cinco escuelas de Cataluña a impartir el 25% de las clases en castellano. Después de una larga serie de sentencias a favor de una tímida enseñanza bilingüe por parte del Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo y el TSJC, todas ellas ignoradas por la Generalitat, el TSJC decidió fijar los mínimos en castellano. “La Generalitat ha interpuesto un recurso a este fallo y ha cuestionado las razones del TSJC. Llevamos semanas oyendo que los tribunales están atacando el catalán y quieren acabar con él”.
Este fallo del TSJC, se pregunta MV, “¿implica atacar el catalán? ¿Por qué? Actualmente tenemos una enseñanza monolingüe en catalán, obligatoria para todos los alumnos”. Introducir una asignatura en castellano, como ya se hace actualmente en inglés en muchos colegios e institutos, “para lograr un mejor aprendizaje de esta lengua no puede considerarse, claramente, ningún ataque al catalán, a no ser que uno se mueva por intereses políticos”.
Hace unos años, recuerda MV, el ex consejero de Educación Ernest Maragall, entonces con un gobierno tripartito de izquierdas y nacional se afirmó, “dijo que todos los niños de Cataluña debían amar el catalán y hacerlo suyo, tanto si era su lengua materna como si no. Compartimos plenamente este objetivo”. Sin embargo, esta meta, razonable para MV, difícilmente se alcanzará rechazando la presencia del castellano junto con el catalán en las aulas. “Todos los datos internacionales que tenemos sobre el aprendizaje de lenguas en la escuela nos muestran que si un sistema educativo quiere enseñar en una lengua distinta de la lengua materna de muchos de los alumnos y quiere que estos se interesen por esta lengua y la hagan suya, lo primero que tiene que hacer este sistema es valorar y respetar la lengua materna de estos alumnos.”
La mitad de los alumnos de Cataluña, afirma finalmente MV, tiene el castellano como lengua materna.¿Cómo deben de sentirse muchos de ellos y sus familias, pregunta, cuando oyen que el Gobierno catalán moverá cielo y tierra para que nadie pueda hacer un trabajo escrito o una presentación oral en castellano en las aulas? “¿Es esta la mejor manera de lograr que estos alumnos se interesen por el catalán y lo usen de manera voluntaria?” Está claro que no desde su punto de vista.
Los tribunales, concluye, “no atacan el catalán; ni siquiera lo ponen en riesgo. Lo que realmente nos muestran los hechos es que la mayor amenaza para el catalán la tenemos en casa.”
Nota:
[1] http://elpais.com/elpais/2014/02/21/opinion/1393000904_876401.html


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